miércoles, 17 de agosto de 2011

Siempre me matan las despedidas, y tan solo soy un espectador.

-Está bien, hablemos.
+Nos vamos.
-¿Porqué ahora?Otro otoño...
+Ha llegado el momento. De todos modos, ¿cuánto tiempo podemos quedarnos aquí?
Su respuesta me confundió. Le miré en un intento de comprender que quería decir.
Me devolvió la mirada fríamente.
-Cuando dices nosotros...
+Me refiero a mi y a mi familia.
Cada palabra sonó clara y separada.
Sacudí la cabeza de un lado a otro mecánicamente, intentando aclararme. Esperó sin mostrar ningún signo de impaciencia. Me llevo unos minutos volver a estar en condiciones de hablar.
-Vale, voy contigo.
+No puedes. El lugar a donde vamos no es apropiado para ti.
-El sitio apropiado para mi es aquel en en el que tú estés.
+No te convengo.
-No seas ridículo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
+Mi mundo no es para ti.
-Tú eres mi mundo.
+No quiero que me acompañes.
-Tú no me quieres.
+No.
-Bien, eso cambia las cosas.
+En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero he permitido que esto llegue demasiado lejos y lo lamento mucho.
-No. No lo hagas.
+Adiós.
-¡Espera!
+Cuídate mucho.

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De las distintas formas de besar que existen yo me quedo con la suya.