domingo, 4 de septiembre de 2011

"Será como si nunca hubiese existido", me había prometido.

Noté el suave suelo de madera en las rodillas, y luego en las palmas de las manos, y al fin, apretado contra la piel de mi mejilla. Esperaba poder desmayarme, pero para mi desgracia no perdí la conciencia. Las oleadas de dolor, que apenas me habían rozado hasta ese momento, se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fuerza.
Y no salí a la superficie.

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De las distintas formas de besar que existen yo me quedo con la suya.