martes, 18 de octubre de 2011

La improbabilidad duele menos, y deja un resquicio a la esperanza, a la épica.

Que David ganara a Goliat, era improbable, pero sucedió.






Por eso no me gusta hablar de amores imposibles, si no de amores improbables. Porque lo improbable es por definición, probable. Lo que es casi seguro que no pase, es que puede pasar. Y mientras haya una posibilidad, media posibilidad entre mil millones de que pase, vale la pena intentarlo.

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De las distintas formas de besar que existen yo me quedo con la suya.