miércoles, 4 de enero de 2012

Y qué fácil parece a veces enamorarse.

Y todo eso de que él puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la auto-destrucción. Y todo eso de que los besos en ciertas bocas saben mejor, es cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre. Así que supondrás, que yo sea el primero que entiende que pierdas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y los huevos por un mínimo roce de mejilla.


Que yo también la veo. Que cuando ella cruza por debajo del cielo, solo un tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada, y se muerde el labio superior. Que conozco su voz, en formato susurro, en formato gemido y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices, y el sitio que tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Que yo también he memorizado su número de teléfono, pero también el número de sus escalones. Que no sólo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores.


 Yo si que no tengo cojones a decirle no a nada, porque tengo más deudas con su espalda, de las que nadie tendrá jamás con la Luna. Mira que hay tontos enamorados en este mundo. Que se la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. 


Le he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. No me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que razones tenemos todos, pero yo muchas más que vosotros.

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De las distintas formas de besar que existen yo me quedo con la suya.